Fue en Misantla, donde no existen instalaciones de la Universidad Veracruzana (aunque sí las de un instituto tecnológico superior que ha tenido varios logros académicos), donde Miguel Ángel Yunes Márquez, candidato del PAN a la Gubernatura, anunció que en caso de ganar incrementaría el presupuesto de la UV año con año.

Egresado de la Universidad de Miami, es extraño que el famoso Chiquiyunes haya sacado a flote el tema en un momento y lugar al menos casuales. Su padre, él sí egresado de la UV, aprovechó muy bien para su campaña el profundo malestar de los miembros de la comunidad universitaria por el desvío desvergonzado de más de 2 mil millones de pesos por parte de Javier Duarte; acudió a su alma mater a prometer el cielo y las estrellas, a decir que incrementaría el subsidio estatal y que devolvería los recursos escamoteados por el entonces gobernador, pero va a salir de su encomienda sin haber hecho nada por la UV.

Que Yunes Márquez, en Misantla, haya dicho que mantendrá una relación de respeto y apoyo, no sólo presupuestal, y que “la etapa de abandono, confrontación y desinterés del Gobierno del Estado hacia la Universidad quedó atrás para siempre”, ha sonado realmente artificial y demagógico.

De entrada, que diga que el gobierno actual ha dejado atrás la etapa de abandono a la UV es una falsedad. La primera medida tomada por el gobierno “del cambio” para su primer presupuesto, el de 2017, fue reducir el subsidio estatal ordinario de la UV en 175 millones 365 mil 720 pesos y, en contraste, incrementar en 6.22 por ciento el presupuesto de la Coordinación General de Comunicación Social (de 69 a 73 millones), con lo que además puso en evidencia su supuesto ahorro en el tema, pese a cancelar (eso dijo) todos los convenios de publicidad con medios de comunicación.

Y eso de decir que cada año incrementará el subsidio estatal de la UV es una verdadera y torpe perogrullada, porque el año pasado la Legislatura local aprobó el proceso gradual que permitirá (si los subsecuentes gobiernos lo cumplen) la famosa autonomía financiera de la UV, calculado en 4 por ciento del presupuesto estatal, pese a que muchas voces plantearon que fuera del 5 por ciento.

Lo más grave fue que su padre, el actual gobernador, hizo las cosas de tal manera que en 2017 la proporción fuera de solo el 2.58 por ciento y que en el segundo año de su gestión apenas fuera de 3 por ciento, lo que quiere decir que no quiso ser dadivoso con su alma mater como lo ha postulado.

En adelante, según la reforma constitucional, el monto se incrementará gradualmente hasta llegar al 4 por ciento en el ejercicio de 2023, el penúltimo año del próximo gobierno.

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