Hoy he dicho fin, un pequeño vocablo, un monosílabo apenas, y mi piel se puso áspera, de mi boca apenas entreabierta parecía salirse el mundo, había puertas que cerraban de golpe, puentes que se caían sobre cañadas profundas, una falda que volaba sin rumbo, la barca de Caronte a la deriva. Dije otra vez fin y no me lo creía, una avalancha de imágenes como astillas de cristal hendieron mi epidermis, todo era un río de dolor y recriminaciones, pero yo seguía en el mismo lugar, inerte, inmóvil, mientras todo lo demás se derrumbaba.

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